¿CÓMO FUNCIONAN LAS SRO?

Las investigaciones científicas en biología molecular han permitido realizar un avance cualificado por muchos como el más importante del siglo XX para el tratamiento de la deshidratación, sobre todo, por diarreas infecciosas debido a virus o bacterias entero-patógenas. Se trata del descubrimiento del mecanismo molecular de co-transporte glucosa sodio (SGLT), una proteína presente en la membrana de las células del intestino responsable de la incorporación de sodio asociado a glucosa, el sodio es el ion más importante en el balance osmótico para incorporar agua. El intestino es capaz de absorber electrolitos como el sodio gracias a tres mecanismos moleculares, dos de ellos se ven afectados por las enfermedades gastrointestinales siendo el SGLT1 el único activo a pesar de la afección gastrointestinal. La terapia de rehidratación oral (TRO) se basa precisamente en este mecanismo, capaz de introducir en el enterocito (célula epitelial del intestino) el sodio y la glucosa en relación 1:1 lo que facilita no solo la absorción del ion sino también la del nutriente. Una vez en el enterocito, el sodio y la glucosa se separan del transportador y pasan al torrente sanguíneo por la membrana basal creando un desequilibrio osmótico compensado con la incorporación de agua al organismo.

Para una absorción óptima la composición de la solución de rehidratación es fundamental, pues la cantidad de líquido absorbido depende de tres factores: la concentración de sodio, la concentración de glucosa y la osmolaridad del líquido. La captación máxima de agua ocurre con una concentración de sodio de 40 a 90 mmol/L, una concentración de glucosa de 110 a 140 mmol/L (2,0 a 2,5 g/100 ml) y una osmolaridad de aproximadamente 290 mOsm/L, la osmolaridad de los fluidos corporales. Aumentar el sodio más allá de 90 mmol / L puede producir hipernatremia y aumentando la concentración de glucosa por encima de 200 mOsm/L o aumentando la osmolaridad de la solución, podría resultar en una pérdida neta de agua.